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Hace mucho, mucho tiempo, en los albores de la Edad Media, existía una gran piedra divina que mantenía el equilibrio en el mundo. Era conocida como la Piedra Sagrada, adorada por todos, que no tardó en convertirse en santuario y lugar de peregrinación. La Piedra Sagrada mantenía la Paz y el orden, al igual que mantenía cualquier tipo de sentimiento negativo oculto. De este modo, la igualdad, la amistad, la solidaridad y la Paz reinaban en el mundo entero.

Sin embargo, una fuerza maligna logró corromper el orden establecido y, con ello, resquebrajar la Piedra Sagrada. Nunca se supo qué o quién fue exactamente lo que desequilibró la balanza, pero el caso es que la piedra acabó por destruirse, fraccionándose en miles de millones de pedazos iguales. Por supuesto, ésto hizo que no tardaran en brotar aquellos sentimientos que habían sido encerrados por la Piedra Sagrada. Así, surgieron las guerras, los temores, la codicia, el egoísmo... El mundo ya no era un lugar seguro, rebosante de Paz y armonía.

Con el paso de los años, la corrupción del mundo fue a más, y parecía no tener intención de detenerse, por lo que la humanidad decidió utilizar los pedazos de la Piedra Sagrada para intentar devolver el equilibrio al mundo. Fue inútil volver a formarla, sin embargo, así que se decidió que cada honorable familia que quedara en aquel sombrío mundo, sería merecedora de custodiar un pedazo de Piedra. Así estarían a salvo de caer en aquellas malignas manos que habían surgido, con la esperanza de que algún día pudieran hallar la manera de reunirlas y volver a estar bajo la protección de la Piedra Sagrada.

Emperadores, reyes, nobles, maestros... Todas aquellas familias prestigiosas y honradas que ejercieran una labor a favor de la humanidad eran obsequiadas con una Piedra. Dicha Piedra contenía un asombroso poder a pesar de ser sólo una minúscula parte de la Piedra madre. Cada una de esas Piedras hacía cambiar la apariencia de su portador, si bien su esencia seguía siendo la misma. Controlaban los elementos de la tierra, las cualidades biológicas de un ser humano, e incluso podían controlar el espacio-tiempo. Durante muchos siglos se usaron estas Piedras para luchar a favor de la verdad, la Justicia, el honor, la libertad.

Pero, por desgracia, la codicia, el orgullo, la ambición, el egoísmo... No tardaron en apoderarse también de las mentes de aquellas familias que una vez fueron honradas y justicieras. Cada heredero de la Piedra quería conseguir las demás, pues no le bastaba con controlar un solo elemento de la tierra, quería además poseer el don de la extrema agilidad o fuerza. Millones eran las Piedras, con lo que millones de poderes diferentes podían otorgar. Fue esta malévola causa lo que provocó las más cruentas y sanguinarias guerras a lo largo de los siglos.

En la actualidad, en pleno siglo XXI, en el año 2015, aún se conservan esas Piedras. Aún se transmiten de generación en generación al más capacitado de los descendientes de cada familia. Sin embargo, también se mantiene ese deseo de poder. Hoy en día cada familia sigue buscando reunir el mayor número posible de Piedras para fortalecerse y obtener así el poder supremo sobre el resto de la humanidad. Mas, afortunadamente, otros propósitos más honorables surgieron con el paso de los años. Y es que habían familias que buscaban destruir todas y cada una de las Piedras para evitar que la masacre continuara, e incluso otras querían reunirlas para volver a intentar formar la Piedra Sagrada y que así volviera el equilibrio al mundo. La batalla nunca acabará hasta que alguien no le ponga fin...

¿Y tú? ¿De qué lado estás?


El Staff de 'Cursed Stones'.
Fecha y hora actual: Jue Sep 29, 2016 1:30 pm